Todo aquello que no eres capaz de notar es como si no existiera.

Nuestros sentidos (vista, oído, gusto, olfato y tacto) están activos biológicamente sin que haya necesidad de activarlos previamente y a partir de aqui, priorizamos lo que nos interesa en el mundo dentro del rango de lo que somos capaces de notar, bien sea consciente o inconscientemente: El valor de hacer diferencias a través de nuestros sentidos es un activo que no deberíamos perder.

Notamos lo que hace diferencia notable; Hay diferencias que nuestros sentidos no pueden captar por que no entran en el rango visual, auditivo o táctil. Y otras que entrando por nuestros sentidos, al no tener distinción posible, notamos pero no sabemos qué y por eso no diferenciamos (notar, únicamente, no hace diferencias).

Es necesario disponer de un abanico de distinciones posibles (y cuantas más mejor) para dar existencia a algo que ocurre y que es difícil de explicar y a ser posible hacerlo con la mayor precisión posible. 

Una distinción es algo que para ti hace diferencia. Ejemplo: si no tienes las distinciones en las notas musicales do y fa cuando las escuches no sabrás hacer diferencia entre ellas.

Otro ejemplo:

No hace más de 25 años, el operario de un taller de coches, a través de la exploración visual,  auditiva, el olfato o del tacto al arrancar el coche, tenía la capacidad de hacer distinciones, de notar con cierta precisión qué era lo que ocurría ante una avería en el motor. No necesitaba ninguna máquina…»el máquina era él».
Lo hacía de forma subjetiva utilizando sus sentidos y su experiencia para hacer diferencias, me atrevo a decir que, además, era certero en sus predicciones.
 
No es nuestra intención extender esta circunstancia a todas las actividades profesionales y sí es la de cuestionar en qué contextos es útil la capacidad de tener distinciones, y poder así «hacer diferencia» sin ser excluyente el diagnóstico de una máquina pero también sin renunciar al valor que tenemos como personas, de hacer diferencia.