Pensamos que la responsabilidad sobre lo que pedimos a otros, les pertenece a ellos y a nosotros no.

Qué fácil es pedir.

Cada vez que demandamos o pedimos algo es importante notar que no podemos poner toda la responsabilidad y el esfuerzo en el otro. Quien demanda o pide, también debe sentirse responsable de qué es lo que pide, cómo y a quién se lo está pidiendo.

En una conversación reciente, un amigo concluía de la siguiente manera:

No es justo pedir a alguien algo que no te puede dar. No puedes pedirle a una persona miedosa que sea valiente, ni a alguien que sea generoso, si es tacaño o interesado…No pueden dártelo.

Si en tu empresa le pides a Julián, el Responsable de Sistemas, que en la próxima reunión exija y condicione el contrato vigente a un proveedor, a la fiabilidad y precisión en los datos que suministran, no puedes olvidarte de que pedir eso a Julian, forma parte de dar. Julián tiene que dar. Es incompleto sólo pedir. Te dejas una parte.

Con frecuencia pedimos y asumimos que la otra parte va a dar. Esto no ocurre siempre y, cuando no tenemos lo que pedimos, cuando no nos lo dan, nos enfadamos.

Enfadarse es solo la señal de que durante el proceso de pedir y dar, algo, no hemos hecho. Pedir y dar son inseparables. Es un binomio. Esperamos lo que pedimos sin más, y cuando no llega, sólo hacemos responsable al otro.

Pedir tampoco es el final de un proceso, es el inicio, y solo concluye y se completa si lo que nos dan se ajusta a lo que hemos pedido.

Quien pide dirige.

La responsabilidad de las peticiones y demandas que hacemos a nuestros compañeros de trabajo, proveedores, clientes, a nuestros padres, parejas e hijos,… la debemos colocar también en nosotros, los que pedimos.