Cuando no haces nada y estas involucrado en algo, tus expresiones al respecto, serán juicios que muy posiblemente tengan su origen en algo que sientes, pero lo que sientes no necesariamente será lo que está ocurriendo.

Cuando no haces nada, hay una irrefrenable voluntad de hacer valoraciones que empobrecen y poco aportan

Alejarnos de la participación, eludir nuestras responsabilidades o no involucrarnos dispara la valoración que hacemos y si reflexionas con cierta profundidad, puedes notar que estas valoraciones no están en el mundo, no son reales y no se pueden comprobar (son mediciones subjetivas y abstractas):

  • Mi compañero no hace lo suficiente
  • La empresa no es lo que era
  • Mi jefe es genial.

Si no hay desempeño o estás exento de experiencias, no puedes medir nada real. Lo que posiblemente haces (compruébalo) es una valoración sobre ideas que tienes de las cosas: cosas que están en tu cabeza y que no existen fuera de ella.

Ideas negativas fantasiosas, ideas irreales positivas. Nada práctico.

Puedes comprobar que además tu valoración se empobrece, cada vez es más baja, como si todo estuviera mal, cada vez peor o lo contrario, maravilloso y cada vez mejor…y, a menudo, eso está muy lejos de lo que está ocurriendo. Es el riesgo de no hacer nada.

Estar en el mundo de la experiencia en vez de en el mundo de las ideas proporciona beneficios. El beneficio menos aparente y más útil es que puedes hacer cambios porque la experiencia es sobre lo único que puedes intervenir.