Para muchas personas, percibir que algo va a ser diferente, disrumpe su estabilidad y piensan que cualquier cambio previsto o inminente supondrá un problema. Posiblemente subyace la idea de:

 las cosas deberían seguir siendo igual…

Ejemplo:

Mi esposa y yo decidimos que nuestro hijo mayor, al finalizar la ESO, fuera a un instituto diferente (muy diferente). Esto fue percibido por sus compañeros y algunos familiares como algo «malo».

Si tenemos una idea demasiado fija de cómo deben ser las cosas, cuando se produzca un cambio, -aunque no lo deseemos-, sentiremos inicialmente incomodidad y grandes diferencias.

Si la incomodidad es permanente, es porque la transición, -el proceso de cambio-, no lo estamos haciendo completamente o es largo, y tardan en llegar los resultados.

La incomodidad también permanece cuando, sin querer, nos empeñamos en permanecer conectados a «como son las cosas» en vez de a «como hacer las cosas» ¿por qué? porque impedimos gestionarlas.

Seguimos con el ejemplo:

Mi esposa, yo, nuestros hermanos, nuestros sobrinos,… todos en la familia fuimos alumnos de bachillerato, y para mantener la estabilidad y la similitud, nuestro hijo tiene que ser alumno de bachillerato.

Somos más vulnerables cuando nos conectamos únicamente a la estabilidad de nuestras ideas y sentimientos -fijos y estáticos-.

Añade que, si el contexto lo permite, defendemos lo que pensamos sin valorar  otras opciones (que las hay).

En el mundo que vivimos (profesional, social, familiar) experimentar la estabilidad y la similitud más que el movimiento y las diferencias, supone un inconveniente, si solo nos quedamos conectados a lo que pensamos, al mundo ideal.

Diferente no es sinónimo de malo