Steve Jobs no sirve como ejemplo de liderazgo

Está bien leer o escuchar cómo otras personas hablan de él. Son versiones contadas. Conocemos su resultado y en el mejor de los casos podemos imaginar cómo lo hizo. Nada más.

Con determinados ejemplos creamos una ilusión, algo alejado de lo que realmente ocurre en nuestro contexto profesional.

Pensar en Steve Jobs o en cualquier otra persona de éxito, nos engancha a sensaciones que conectamos con emociones superiores. Irreales en tanto están descontextualizadas, versiones alejadas de la realidad. Como los cuentos. Pueden divertir y, a veces, inspirarnos algo, pero obvian lo difícil: cómo transformarse en algo real.  

Algo real es lo que ocurre en cientos de empresas un día laborable como hoy a las 9:45 h:

Reunión de departamento con dos problemas concretos.

  1.   El proyecto que entregamos dentro de dos meses no cumple los plazos previstos ni los va a cumplir.
  2.  La gente no informa, no dice la verdad y parece que lo hacen por miedo.

Los directivos responsables del proyecto, sintiéndose desbordados, exigirán que eso «se arregle» y propondrán otra reunión dentro de 15 días para verificarlo.

Seguramente las cosas no cambiarán. Para liderar hoy cambios que resuelvan problemas, no basta con intentar emular lo que nos han contado sobre personas como Steve Jobs. Ni siquiera ayudados por una formación técnica sobre liderazgo inspirada en líderes famosos.

 

El liderazgo no es una cualidad que pertenezca al directivo. Es una que reside en las mentes de sus potenciales seguidores, en las ideas y experiencias vividas con ese directivo, moduladas, por ejemplo, por lo que el directivo es capaz de averiguar y por su forma de participar en determinados contextos.

También en situaciones micro-desafiantes y frecuentes como la reunión de las 9:45.

Steve Jobs, aquí, no sirve.

Si quieres ver el video que resume este post, aquí lo tienes.