Me comentaba Julián, un directivo, que algunos colegas con los que comparte reuniones le dicen que «es negativo».

Le pedí un poco más de detalle.

Se refería a que sus apreciaciones en comités o reuniones en órganos consultivos eran con frecuencia «negativas».

· ¿Va a cumplirse este plazo? Julián respondía, «no».
· ¿Es posible alcanzar este resultado con los recursos que tenemos? Julián respondía, «lo veo muy difícil».

Cuando Julián se opone, es percibido como negativo, y representa para sus colegas, desatinadamente, la presencia de algo malo.

 

Negativo no es igual que malo. Si tú dices a un compañero al que le muestras una máquina sofisticada «no toques ese botón» eso es negativo, pero no es malo.

 

De hecho la RAE no solo distingue estos significados sino que relega a la segunda posición el sentido de «malo».

1.-Que expresa negación o sirve para negar.
2.-Que produce algún daño

A Julián también le insinuaban que debería mostrar un «mínimo de lealtad».

Le volví a pedir un poquito más de detalle.

Se refería, me dijo, a que, por ejemplo, en un comité de dirección, guardó silencio cuando había que apoyar una opción que él contemplaba inviable y problemática.
Me añadió que algunos colegas que allí estaban conocían los problemas de la opción planteada y aun así la secundaron.

Si añadimos que Julián guarda silencio, sin ser preguntado, cuando plantean un opción que no es sostenible, su silencio es, desatinadamente cuantificado al pedirle que muestre un mínimo de lealtad.

 

La lealtad es no cuantificable (no hay litros ni kilogramos de lealtad).

 

Que sean muchos los que cuantifican en la empresa la lealtad en kilos o por unidades, y que confundan algo negativo con algo malo no lo hace más verdadero.

Sin embargo, podríamos pronosticar que si Julián no vuelve a participar en esas reuniones, su ausencia no traerá nada positivo, ni aumentará la lealtad.