Hay una brecha entre lo que a un directivo le sucede realmente en su vida:

el envejecimiento de sus padres, los años en pareja, el crecimiento de los hijos, las hipotecas, los amigos, los colaboradores, los objetivos, las reuniones, los jefes, clientes, etc. y los recursos con los que cuenta para responder a todo esto.

“Es posible que esta brecha sea cada vez más ancha si pensamos y nos proponemos que desaparezcan los problemas”.

Julián(*) es un experto escapista en problemas, si identifica a un Julián en su empresa piense en él: Notará que Julián no tiene problemas o, sencillamente, hace que los problemas desaparezcan.

¿Quién tiene problemas? Los que trabajan con Julián. A ellos nos dirigimos en este post.

Para que Julián sea descubierto o abandone la magia y trabaje o deje trabajar, (recordamos que es un experto escapista), será necesario tener las distinciones al respecto de lo que Julián hace.

Mucho de lo que frecuentemente hará Julián estará enmarcado en una dimensión abstracta en forma de: ideas aisladas, observaciones desactualizadas, pensamientos metafóricos, aforismos, opiniones ligeras, afirmaciones prematuras, aseveraciones sin fondo, información incompleta y subjetiva con apariencia objetiva y certera o cuando menos poco útil, inferencias poco fiables, convicciones disfrazadas de conocimiento, adivinaciones, fantasías, y en el mejor de los casos nociones de lo que cree que sabe.

El comportamiento de Julián es el problema aunque él no lo note. No es preciso que él desaparezca y ayudaría “mucho”, a quienes trabajan a su alrededor, aprender a desarrollar la habilidad de identificar con precisión lo que Julián hace para relacionarse con él de manera diferente.

(*) Julián podría ser un: cliente, proveedor, colaborador o jefe.